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Mujer on constant sorrow

Ponga un cable en su vida ( o dos)

Ponga un cable en su vida ( o dos)

En verdad soy una mujer on constant sorrow...

Vale sólo a veces, pero es que la vida moderna me abruma. Hoy he tenido una experiencia reveladora: el maravilloso mundo del cable. Y es que no se trata "sólo de enchufar". Hoy en día tenemos tanto aparato en casa que habría que hacer un máster para saber dónde va cada uno.

Al mudarme a mi nuevo piso pasé con nota las pruebas de la conexión a internet inalámbrica y la conexión del teléfono (todo ello con su router, su spliter y la madre que los parió). El caso es que en su día los conecté y funcionan, pero no me pidáis que los desenchufe sin hacerme un croquis primero, porque puede que no sepa devolverlos a su lugar... En fin, que lo que parecía más difícil lo solucioné, como en su día solucioné también el paso de la tele analógica a la señal digital (descodificador, euroconector y antena incluídos). Todo iba bien en mi vida hasta que decidí que era mucho trabajo tener que cambiar el euroconector del descodificador al DVD cada vez que quería ver un peli y, como a la heroína de un mito clásico, se me ha impuesto la tortura de adentrarme en el temible laberinto del cable como castigo por querer saber demasiado. Ya decían los antiguos que la curiosidad no podía traer nada bueno... Además, una vez que la idea del riesgo cruza tu mente, ya no puedes volver a dormir tranquilo hasta que lo asumes. Y eso es lo que a mí me ha ocurrido con mi tele, mi DVD, mi descodificador y mis cables.

Ya llevaba la idea algún tiempo rondándome la cabeza y ya había hecho mis pruebas con un cable que me compré en España, pero hasta ahora no había tenido éxito. Así que hoy me he armado de valor y he decidido adentrarme en el susodicho laberinto. He intentado, en primer lugar, encontrar yo sola lo que necesitaba, pero ha sido en vano. Entonces he decidido, tímidamente, explicar a un dependiente del Conrad (cadena alemana de tiendas de electrónica en general) lo que necesitaba y, al ver que el chico respondía a la estrategia de "rescate de la damisela en apuros", le he exprimido a conciencia sobre todas aquéllas cuestiones que me atribulaban. Finalmente he acabado delante de la caja, feliz, convencida de la compra de no sé cuantos aparejos, con un poco más de conocimiento sobre cables y conexiones y con la promesa de que lo que no necesite lo puedo devolver.¿Alguien da más? Y seguro que el dependiente también se siente más feliz después de haberme ayudado... Si es que ya me lo dijo el brujo Lester: "es que tú sufres de lo buena que eres".

Ahora que ya tengo todo el material, sólo me queda ponerme manos a la obra, en plan Bruja Avería, a conectar toda la ensalada de cables que he comprado. Si en varios días no escribo en el blog, será probablemente porque me he ahorcado con el euroconector, o con ese diabólico cable triple de colores, que seguro que duele más.

En cualquier caso, si alguien quiere sentirse mejor como el dependiente de la tienda, puede acudir al rescate de la damisela en apuros...

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1 comentario

Die Efa aus München -

Hola Paulita! Realmente, el maravilloso mundo del cable puede llegar a abrumar... pero el pobre dependiente al que exprimiste sin piedad... no sé yo si se quedó feliz y contento como dices. A juzgar por su cara, se sentía como si le acabaran de someter a un examen de ingeniería! Sea como fuere, espero que hayas sobrevivido a la experiencia traumática de conectar todos los cables que compraste sin electrocutarte y consiguiendo que funcionen todos. Si no, ya sabes, el momento "mujer superada por las maravillas de la electrónica" bien explotado puede dar mucho de si. Un abrazo!
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