Blogia
Mujer on constant sorrow

Escritos varios

Inocente

"Inocente: quien mucho abarca, mucho miente". Me lo ha cantado Rosendo hoy mientras curraba. Y qué razón tiene... Esta noche he tenido ganas de escribirte para preguntarte qué coño te pasa ahora. Pero no lo he hecho. Igual que me he resistido a fumarme el pitillo de después de comer y el de camino a casa. Estoy cansada, joder. Estoy cansada. Y no sé si esto se quita durmiendo. 

 Ay, inocente...

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Durcheinander

Durcheinander

Hay cosas que me recuerdan por qué me gusta tanto esta lengua del infierno y una de ellas es la palabra "durcheinander".

Ducheinander significa sencillamente "desordenado", "patas arriba", "caótico", pero lo hace de un modo tan poético y cariñoso que hace que esa lista de calificativos no parezca tan terrible.

Mi vida es (o está) bastante "durcheinander" y a mí me gusta decirlo así en alemán, supongo que me así parece menos grave.

Hoy, con este post un poco absurdo intento hacer una de las cosas que más me cuesta en este mundo: volver. Emprender y abandonar son dos tareas relativamente fáciles, porque ambas implican algo nuevo, pero volver... Volver es siempre lo más difícil, lo que más valentía supone, porque se trata de encararte de nuevo con algo que todavía merece la pena y que por algún motivo has abandonado. Implica reencuentro, memoria y lucha.

Yo voy a intentarlo con algo facilito. Hoy quiero volver a escribir, a ver si me sirve de sortilegio y mañana vuelvo al gimnasio, pasado a la dieta y el otro vuelvo a dejar de fumar.

Pero vayamos por partes. Hoy he vuelto a escribir y estoy contenta.

 

PD: el borrador de este post lo escribí el 24 de junio de 2007  y lo he redescuierto hoy, cuando precisamente me disponía a volver a escribir. No ha hecho falta porque nada ha cambiado, así que lo publico sin tocar ni una coma.

29...

...el 30.

Y sumando.

El Sr. Rebaba, ahí donde lo veis tan borde, y el Sr. Siway, que se deja ver poco pero está ahí, me han regalado un blog nuevo. Habrá que hacer retoques, pero ¿por qué no os pasáis y me decís qué os parece antes de que haga la mudanza oficial?

Nostalgia

Esta noche hace en Munich algo parecido a una brisa marina. O al menos esa es la sensación que a mí me da sentada en mi balcón.

Yo, tan al norte, y el sur tan al sur...

Esta noche pienso en la brisa marina, la de verdad, pienso en el Mediterráneo, que es la única patria que siento y pienso que me se me desequilibra la balanza. Hacia el sur siempre hacia el sur.

Pero esta noche también pienso que las nostalgias son necesarias, porque tener nostalgia significa pertencer a algo.

Y yo pertenezco. Aunque no esté allí. 

Sorrow 8

Hay cariños blogueros y yo a MM se lo tengo, así que salgo de mi retiro para responder al encarguito que me ha dejado en su blog y contaros 8 cosas de mí que no sepáis. 

Reglas del Juego:

1. Cada jugador(a) comienza con un listado de 8 cosas sobre sí mismo.


2. Tienen que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego.


3. Tienen que seleccionar a 8 personas más para invitar a jugar, y anotar sus blogs/nombres.

4. No olvides dejarles un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitadas a participar, refiriendo al post de tu blog: "El Juego".

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1. Dentro de poco cumplo 29. Soy cangreja, mucho, y algo lunática.

2. Tengo dos tatuajes y 7 agujeros que no venían en el original. Uno cicatrizó, el que estaba cerca de mi ombligo, los demás los adorno según la época (hay quien dice que soy un poco hippie).

3. Soy perfeccionista, aunque voy asumiendo que nada es perfecto. Y es un alivio aprender que te puedes equivocar...

4. No siempre, no necesariamente y, sobre todo, no constantemente soy una mujer on constant sorrow, valga la redundancia. Pero hay veces en que creo que el nick me va como anillo al dedo.

5. Mi sueño es tener una casa cerca del mar, a pie de playa, si fuese posible (por soñar...).

6. Viajar es una de mis pasiones (eso no es un secreto para el que se pase de vez en cuando por aquí) y he conseguido que forme parte de lo que hago para ganarme el pan. Aunque estoy empezando a plantearme seriamente un cambio de vida. 

7. Tengo una vena artística que nunca sé por dónde me va a salir y me encanta que me sorprenda. Eso sí: lo de cantar ni en la ducha.

8. Últimamente me rondaba la idea de cerrar el blog, pero ya se me ha olvidado. 

Y hasta aquí puedo leer... No se lo paso a nadie, porque la mayoría estáis hartos de memes. Para mí, en cambio, es el primero y me ha hecho ilusión hacerlo. Gracias, MM: ya es la segunda vez que un comentario en el momento justo salva el blog del cierre.

Nuevas conversaciones con el Dr. Mento

-Y dice usted que su mal humor es congénito.

-Congénito y temo que crónico. De una rara especie llamada "Malhumor Horribilis".

-No la conocía...

-Es que todavía no está divulgada científicamente. Es cuño de mi madre que la soporta.

-Sabia es su madre.

-Sabia y muy buena cocinera. Le salen unas lentejas...

-Pues ya se le podía a usted pegar algo ¿no?

-Ya. No sé. No creo. Pero bueno, yo he venido porque no he termino de encontrarme bien.

-¿Pero usted se ha buscado concienzudamente?

-Ay.. doctor... No se ría usted que esto es serio...

-Bien, bien.

-¿Qué hago?

-Lo que ya le he dicho alguna vez y que ahora le repito: un par de días libres y a descansar al sol.

-Ya.

-Voy a firmarle una baja ¿Le parece?

-Ya, doctor. Pero verá, no se ofenda... Es que... Es que usted no puede darme una baja.

-¿Ah no? ¿Y se puede saber por qué?

-Pues porque es usted un médico imaginario. Un alter-ego, vamos.

-Usted no está bien...

-Lo sé.

-Y quiero que sepa que acaba de herir profundamente mis sentimientos.

-¡Glups!

Curiosidad

Curiosidad

La curiosidad mató al gato

   

Yo a veces me siento felina. Otras, intensamente curiosa.

 

Hay veces, incluso, en las que una cosa me lleva irremediablemente a la otra.

 

Y viceversa

 

¿Estoy condenada?

 

Pues que me corten la cabeza…

Nada es lo que parece

Nada es lo que parece

 René Magritte

 Todo lo que sube, baja.

Y no es grave.

Es, simplemente, la ley de la gravedad.

Luego hay otros principios matemáticos que también me gustan, como el de la probabilidad.

Y la experiencia, que en esto de las ciencias es muy imporante, me dice que es muy probable que lo que ha bajado volverá a subir de nuevo.

Por ejemplo, mi ánimo.

1,2,3... responda otra vez...

Amor de hermano

Amor de hermano

Me manda mi hermano el siguiente correo:

"Hola sister. Que te hecho esta muñequilla pa tu blog. Un beso"

Y a mí, claro, se me ha caído la babita de hermana-mayor-que-además-vive-lejos.

Luego, mirando a mi Sorrow, me he dicho que le faltaba algo y le he escrito a mi hermano:

 "Oye brother, ya puestos, me podías haber dibujado con más tetas ¿no? Más buenorra, vamos"

Y él:

"Anda hija... No olvides que esta es la visión de tu "HERMALO"... Y así se queda, ¡hala!"

Y tiene toda la razón. Pero es que yo ya no puedo con tanta primavera en las venas....

(Maja la muñeca ¿verdad? Pero que conste que yo estoy más buenorra...)

 

Síndrome postvacacional

Síndrome postvacacional

Retrato cortesía de Rebaba

No sé si se me habrá echado de menos por la blogosfera, pero lo que es yo a ella... muchísimo (este enganche es más serio de lo que pensaba).

Hace una semana ya que estoy de vuelta al norte de los Alpes y, sin embargo, no había encontrado el momento de reabrir el chiringuito. Una semana, sí, la misma que llevo tratándome con mi "querido" Doctor Mento de lo que llaman síndrome postvacacional. Ya saben ustedes que mi matasanos particular sabe mucho, o eso dice, de cacaos mentales, diarreas pasionales y todo tipo de males en general, pero esta vez creo que me ha tomado el pelo como a una china. Yo venga a visitarle y a dejarme los cuartos (y la carne, porque a veces, cuando el presupuesto aprieta, pago en carne) para nada, porque la casa seguía igual de desordenada, el curro igual de desatendido y el blog tan abandonado que daba ya penita. La verdad es que más me hubiera valido gastarme el sueldo en una chacha o un secretario, pero en fin. 

Hoy, finalmente, se me han hinchado las narices y he decidido hacer terapia por mi cuenta. Dos paseos me he recetado y me han sentado de miedo: el primero, por la blogosfera y el segundo, por esta sorprendentemente soleada Munich primaveral. En el primer paseo os he encontrado a todos estupendamente, animados, con las hormonas revolucionadas, como manda la estación, y muchas ganas de juerga (de lo cual me alegro). El segundo, en cambio, me ha despertado dudas existenciales. Por ejemplo: ¿cómo serían los alemanes si les luciera el sol más a menudo? No sabéis qué shock... Yo esaba desconcertada... Sonrisas y amabilidad por doquier, ausencia de empujones en el metro, ningún ladrido en la cola del supermercado, ¡gracias! y ¡que tenga un buen día! en lugar del gruñido de costumbre... Una delicia, vamos. Lo malo es que durará tan poco como esta engañosa premiere de verano, pero mientras dure...

Contenta y satisfecha me he vuelto a casa, decidida a prescindir de los servicios del Doctor. Sin embargo, no sé, llamadme sentimental, pero no he sido capaz. Ahora me asaltan más dudas existenciales. ¿Es que soy masoca? ¿O una viciosa sin remedio? ¡Veis como en el fondo le necesito!

PD: a mi regreso me he encontrado con que Blogia había vuelto a hacer de las suyas y ha mandado dios sabe dónde los comentarios del post anterior. Misterios de Blogia..., pero que nadie se piense que yo he metido la tijera ¿eh? Eso... ¡Nunca!

Adiós, pesimismo

"Ya sos mayor de edad 
  tengo que despedirte 
  pesimismo"

Chau pesimismo, Mario Benedetti

Es curioso cómo se instala en nosotros, lo fácilmente que le hacemos sitio en nuestro corazón y cómo se convierte, sin casi darnos cuenta, en inquillino imprescindible de nuestro pensamiento. Y sucede así, sin darnos cuenta. El pesimismo es un escudo que nos cobija frente a los envites de la realidad. Es la vanguardia de nuestro ejército, esa avanzadilla que avisa de los peligros y nos hace sentirnos más seguros sólo por pensar, que esperando lo malo, lo peor no podrá cogernos desprevenidos. No podrá desarmarnos.  Lanzamos el pesimismo como un boomerang decapitador y lo acogemos a su vuelta en el abrigo de nuestro pecho, satisfechos con la confirmación de que, efectivamente, el mundo es tan malo como parecía. Y nosotros ya lo sabíamos.

Adiós pesimismo... ya eres mayor de edad. Ya has crecido en mi interior al calor de mis sufrimientos y mis tristezas, de mis fracasos y mis decepciones. Ya me has enseñado que, a veces, pensar mal es acertar y que el mundo puede ser feo, malo, triste y brutal. He aprendido que nuestra infelicidad no se esconde en grandes desgracias, la mayor parte de las veces, sino en la medianía constante de nuestra vida cotidiana. Lo sé, pesimismo. Como sé que muchas cosas no cambiarán y que otras lo harán para peor. Todas son lecciones necesarias. Te las agradezco y, sin embargo, hoy me despido de ti.

No niego que te echaré de menos y que seguramente te evocaré y gritaré tu nombre para que vuelvas cuando la vida acierte en su estocada y me deje herida, sin equlibrio, tambaleándome. Entonces sé que te miraré con nostalgia. Eso seguro... Pero aún así, estoy decidida a caminar sin tu escolta y a dejarme sorprender.

Para tu consuelo te diré que no te dejo por el optimismo, que es tan ciego y tan engañoso como tú, aunque de él haya aprendido también algunas valiosas lecciones.

Ahora quiero lanzarme a la vida sin bastones ni escudos. 

¡Voy!

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Espiral de besos

Espiral de besos

Collage por cortesía de Rebaba 

Hace algunas semanas se preguntaba Adulter (ver enlaces) en su blog qué sería eso de los "besos en espiral". Yo le contesté que no lo sabía, pero que se me habían ocurrido algunas ideas que le explicaría en cuanto viera cómo funcionaban en la práctica. 

A veces una imagen vale más que mil palabras, y como en este caso hay documento gráfico, aquí os dejo mi interpretación de la cuestión.

Nos aproximan, nos excitan, son principio, son proceso y son fin. Nos presentan, nos despiden, nos prometen. Nos gustan. Dulces, tiernos, apasionados, furiosos, pícaros, inocentes. Por amor, por sexo, por cariño... Hay miles de posibilidades. Que no nos falten, pues.

Sinceridad

Se acabó

Negar

Huir

Pensar

Que aceptar

Es rendirse

También la infelicidad

Es una piedra firme

Desde la que poder

Avanzar

Despertar

Despertar

7:30, suena el móvil. No, no creo que sea mi amante que me echa de menos y no puede dormir sin mí. Más bien es el puto despertador. Saco una mano del sueño y la lanzo contra lo que yo creo que es mi mesilla de noche, en busca del maldito móvil atronador.  Pero en el camino  mi mano se lleva por delante un teléfono (¿de dónde ha salido un teléfono?), mis gafas, mi reloj y demás bisutería y, por fin, el móvil, que sigue vibrando y sonando por el suelo. ¡Dios! ¡Que alguien lo pare! Yo, que si no recuerdo mal  soy el único alguien disponible, me guío por el sonido hasta que mi mano da con el dichoso móvil y acierto a pulsar el botoncito salvador (no volverá a sonar hasta dentro de 15 minutos). De nuevo silencio. Entreabro un ojo y ya es de día. Decido entonces remolonear un poco por la parte de la cama que aún debe de estar fresquita, pero ¡horror!, para mi sorpresa no hay más cama y sólo me encuentro con la pared. No entiendo nada. Resignada, me froto los ojos y miro a mi alrededor.

 

Ahora lo sé: una vez más estoy en una habitación de hotel y no me acordaba…

Pongamos que hablo...

Pongamos que hablo...

La ciudad me recibió con un cielo limpio y azul, y con el frío seco que sólo hace los días claros. Vagué por las calles sin destino cierto. Pensaba en ti y me dejé llevar por la ruta que marcaba la brújula de mis recuerdos. Te encontré por muchas esquinas y pude sentir claramente el tiempo transcurrido entre dos puntos dados de mi vida. De nuestras vidas. No siempre mide la línea recta la distancia más corta entre dos puntos (ya lo demuestran la memoria y sus dardos certeros, que recorren caminos tortuosos en tiempo récord).

Una misma ciudad y dos momentos que se grapan instantáneamente en la memoria.

Así funciona.

De aniversarios y robinsones o la historia de un blog

De aniversarios y robinsones o la historia de un blog

La culpa de todo la tienen Iván y su “escondite”.

 

Un día, no muy lejano aún, cuando todavía compartíamos el techo de ese entrañable hervidero que es el Colegio Español de Múnich, Iván nos mandó a todos los compañeros y amigos un e-mail con un link pidiéndonos que le visitásemos en su “escondite”. Hasta ahora nos había comentado siempre sus proyectos artístico-profesionales en apasionantes sobremesas y noches de comedor, y sus cortos los habíamos visto en exclusivo pase privado en el Colegio, pero ahora que ya planeaba su vuelta a España, nos decía que podíamos seguir en contacto a través de este link, cuya visita nos proponía. Y yo, curiosa como soy, me fui a ver qué era aquello.

 

Algo había leído en un reportaje que salió en El País Semanal acerca del universo bloguero, pero hasta que Iván nos invitó a su blog, la verdad es que nunca había entrado en uno. Decidí entonces que me gustaba la idea y comencé a darle vueltas, pero la falta de tiempo y de recursos (yo entonces no sabía que era tan fácil) fueron dejando el proyecto en el aire hasta que apareció Gabi. Y es que fue él, mi informático preferido y en aquel tiempo también vecino de piso en el Colegio Español, el que me explicó por fin cómo funcionaba todo este universo en el que poco a poco me iba adentrando. Así que tal día como hoy hace un año comencé a darle a la tecla y abrí el espacio desde el que hoy sigo escribiendo.

 

Pero hay un  tercer culpable de que este blog exista. Si Iván me dio la idea y Gabi le puso forma, fue un robinson, de profesión bombero, el que me animó sin pretenderlo a que este blog no quedara en el limbo de las bitácoras olvidadas a los dos meses de haber sido iniciadas con mucha ilusión.

 

Pasaba yo un momento algo extraño y el blog, que aún no formaba parte de mis vicios-rutinas (que todo es uno), fue el primero en notarlo. Un comentario en el momento justo y el inicio de un blog que yo comencé a visitar, hicieron sin embargo que esto dejara de ser para mí tan sólo una forma de expresión en peligro de extinción y se convirtiera en lo que sigue siendo hoy: una forma activa de comunicación. Ese blog, que yo comenté con mucho cariño, ya no existe, pero el robinson-bombero me sigue visitando en ocasiones cuando pasa cerca de mi isla en sus viajes por los Mares del Sur. Y yo me alegro siempre de leerle.

 

Por cierto, que a él le debo mi nombre y es justo recordarlo en este día de aniversario.  Un día cualquiera, navegando en busca de las notas de un “Mar Antiguo”, vino  a naufragar a las orillas de mi blog y me llamó por mi nombre. Como quien nombra algo nuevo por primera vez, como Robinson Crusoe llamó Viernes al indígena que encontró en la isla donde naufragó, él me llamó Sorrow y yo acabé asumiendo ese nombre que hoy es inseparable de mi actividad bloguera.  Supongo que lo de Mujer on constant sorrow debió parecerle muy largo. Y tenía razón.

 

Por tanto: gracias Iván, gracias Gabi, gracias Bombero. Y gracias a todos los que os habéis ido pasando por aquí en este año. Gracias de corazón por el ratito que me dedicáis con vuestras lecturas y vuestros comentarios.

 

Invitados estáis a un trocito de mi tarta virtual y a una copita de cava, pero no sólo hoy. Yo, como el Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas, celebro con más ilusión si cabe los no-cumpleaños. Así pues, os animo a pasar por aquí cuando queráis a que celebremos juntos los 364 no-cumpleaños que quedan hasta el día de mi segundo aniversario bloguero.

 

Invitados estáis.

¿Qué me pasa, doctor?

¿Qué me pasa, doctor?

-Tengo buenas noticias: nada de virus. Lo que usted presenta es un cuadro clínico de desorden vital, cacao mental y agotamiento brutal.

-Y me lo dice así. Menos mal que no me tiene que decir que me quedan 3 meses...

-Pues como siga por ese camino...

-Bueno ¿Y qué me recomienda?

-Que se tome un par de días libres.

-Es que no puedo.

-Pues haga un poder.

-¿Notarial?

-No, mujer, de voluntad, que además esos no cuestan dinero.

-Pero cuestan una de esfuerzo... Además, ¿no me acaba de decir que tengo que descansar?

-Está imposible ¿eh?

-Ya lo sé... Lo que tengo que hacer en realidad es organicionarme.

-Será organizarse.

-No, organicionarme, que aunque sólo sea porque tiene más letras, suena más importante.

-Eso es de una película.

-¡Muy bien! Le veo bien, doctor.

-Y yo a usted muy peliculera.

-Siempre lo he sido, ya me conoce. Y ahora en serio: ¿qué me receta para lo mío?

-Que haga usted más de maruja en lugar de pasarse el día sin parar de un lado a otro. ¿Lo hará?

-No sé, no sé, doctor. Ya le contaré en una postal.

Sólo vecinos

Cuando me da por ser optimista me llevo todos los premios. Hoy, por ejemplo, no tendría rival.

 

Tengo la nevera medio vacía (no podía ser de otra manera), la casa a medio arreglar, la ropa a medio planchar, un trancazo que está haciendo su entrada triunfal y, encima, llueve en vez de nevar.

 

Ayer aún estaba esquiando en Kühtai, disfrutando de lo lindo, y hoy soy la persona más miserable de la tierra, exagerando un poco, claro está. Cierto es que ayer, domingo, tenía la nevera igual de medio vacía y mi casa era tan desastre como hoy, pero es que la enfermedad te cambia las perspectivas. Hoy odio al mundo y con él a todo ser viviente que ose molestarme.

 

Huyendo de los espejos y demás testigos de mi mala cara, me he dejado caer en el sofá y me he hecho un ovillito bajo varias capas de mantas, dispuesta a pasar la tarde en compañía de alguna peli de esas que he visto ya 500 veces.

 

Ummm… a ver... ¡Solteros!, esa me voy a poner. Que hace por lo menos 6 meses que no la veo.

 

Como en compañía de un buen amigo, el rato se me pasa volando y llego casi al final. Entonces comienza una de mis escenas favoritas:

 

Suena el Blue Train de John Coltrane y la cámara recorre un apartamento desordenado (vaya, me suena) hasta encontrarse con Steven (Scott Campbell), que está tirado en medio de su desastre, físico y espiritual (qué malas son las penas de amor, me digo, con lo bien que está este chico). Llega entonces Janet (Bridget Fonda) que termina por animarle un poco. Se abrazan y él, en recuerdo de tiempos pasados, le da un beso que ella rechaza cariñosamente.

 

“Steven: ¿Sabes? En un universo paralelo seríamos una pareja estupenda.

Janet: Si… pero en este, sólo vecinos”

 

¡Y se quedan tan anchos! Claro, como la peli tiene final feliz… Que les zurzan a ellos y a su felicidad…

 

Normalmente esta escena me conmueve, pero hoy… hoy no la soporto. Sí, ahora lo veo claro (nada como el lecho de enfermedad para revolcarse una en sus propios traumas). ¿Cómo no me di cuenta antes? Seguramente ya he encontrado a mi pareja perfecta en un universo paralelo, porque lo que es en este, como siga con mi suerte, no pasará de ser mi vecino, por decir algo (no tengo ningún vecino al que me gustaría dar acceso a mi universo).

 

Termina la peli y suena el timbre. ¿El destino que llama a la puerta? No, el Hausmeister que viene a arreglarme el grifo del lavabo (hoy es dura la realidad como pocas veces). Ya era hora, pero ¿tenía que ser hoy? Le recibo con cara de perros:

 

-Vengo a por lo del lavabo.

-Ah, muy bien, pase ¿tardará mucho?

-No sé, depende de la avería.

(Dioooooosssssss, no puedo más. Mi cara no disimula más)

-Le veo mala cara.

-¿En serio? No se preocupe, es que hay más vida dentro de mí que de costumbre.

...................................................

Lavabo arreglado, virus en plena orgía reproductiva (cabrones) y yo… nada… jodida pero contenta, como dice la canción. ¡Qué remedio! Al menos tengo lavabo de nuevo. Y ya lo recomienda la peli (aunque al principio): "Diviértete. Quédate soltero". En ello estamos.

 

Buenas noches.

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Usufructo

Usufructo

Dios está en todas partes (así nos va), pero el Diablo es mucho más selectivo en sus apariciones y esto tiene que ver con su eficacia, creo. Se le aprecia el esfuerzo, pero contenta me tiene.

La última vez que le vi fue en Viena, hará unos dos meses, y aquel día me invitó a tomar café en bandejita de plata. Estuvo elegante como el pecado y atento como sólo él sabe serlo. Y es que para él tú y sólo tú eres lo más importante. Nada de amor universal ni misericordia infinita. Aquí hablamos de dedicación exclusiva, porque el Diablo, en contra de lo que se piensa, no compra almas, sino que las disfruta cuando es invitado y eso conlleva concentración. De hecho yo ya hace tiempo que le dejé la mía en usufructo... 

El caso es que hacía semanas que lo buscaba y me rondaba la idea de que no le apeteciese venir por tierras tan frías y tan católicas. Entiendo que le dé repelús, pero, por otro lado, sé que se pirra por una buena ópera y que hay pocos lugares más apropiados para pecar para alguien enamorado del refinamiento y la cultura.

Así que me hallaba dividida entre una ligera esperanza y la más absoluta desesperación. Unos días me parecía ver su rabo asomando tras una butaca del teatro, o casi estaba convencida de que el resplandor de sus ojos me observaba tras las páginas del Süddeutsche Zeitung en un café. Otros, sin embargo, me parecía no ver rastros suyos en ninguna esquina y hasta le buscaba en lugares imposibles, como en la catedral, donde una zafia leyenda dice que se quedó marcada su huella (qué sabrán ellos).

Mira que me tiene más que dicho que no me reproche nada, pero yo ya casi estaba en ello cuando, por fin, esta noche me ha visitado. Lo sé porque al despertarme me he encontrado sobre la mesita de noche un regalito y una nota:

"Estoy muy liado, ya sabes cómo está el mundo, pero no me olvido de ti.

Te dejo un regalito.

Para que aprendas a ser buena incluso cuando seas mala"

Mira que es irónico el cabrón... Me pone malísima.

Practicaré pues, hasta que vuelva a dignarse.

Underwood girls

Underwood girls

"Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.

(…)"

 

Underwood girls, Pedro Salinas

 

En mi adolescencia, allá cuando empecé a enfermar de literatura, había un objeto que deseaba con todas mis fuerzas poder poseer algún día: la máquina de escribir Underwood de mi padre. La había comprado de segunda mano en un mercadillo de Sevilla, en su época de estudiante, y desde que puedo recordar ha estado en el cuarto de estar de mi casa.

 

La verdad es que siempre me había llamado la atención, con sus teclado profundo, sus letras redondas, su elegante letrero, su negro apagado, su resplandor de otra época…, pero fueron la edad y las lecturas las que hicieron que, poco a poco, fuesen creciendo en mí tanto el fetichismo como las ganas de escribir “seriamente” (porque escribir había escrito siempre), y para ello la Underwood se me hacía absolutamente necesaria. Tan necesaria como inalcanzable la veía. Y es que mi padre la adoraba.

 

Un día me atreví por fin a plantarle cara a mi padre y a soltarle de carrerilla la lista de argumentos según los cuales yo debía poseer la Underwood. Para mí sorpresa no me dijo que no, como yo esperaba, sino que me desafió, como ha hecho tantas veces:

 

“Es tuya el día que publiques un libro”

 

Y me dejó retada y chafada en mis pretensiones.

 

Todavía la ansío y, de vez en cuando, me entran ganas de decirle que no he publicado un libro pero sí su versión virtual. Me entran ganas de decirle que tengo un blog, que se pase, que le invito. Que lea lo que publico. Pero intuyo que no sería buena idea, aunque con ello puede que me ganara por fin la Underwood de mis amores.

 

No he publicado un libro, pero he aprendido que se puede descubrir el mundo a través de un teclado y, lo que es más importante, que ese mundo lo sostienen las underwood girls que viven en todos los teclados. Sólo hay que despertarlas de su letargo.

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