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Mujer on constant sorrow

Party-Tram

Party-Tram

Hoy de camino a casa he visto por mi barrio un Party-Tram. Básicamente es un tranvía normal alquilado por alguien que tiene algo que celebrar y que circula por la ciudad llevando la fiesta  y a los invitados de arriba abajo. Dentro hay orquesta, bebidas y comida, todo en clave bávara, claro está, que ellos son muy suyos para estas cosas. Yo me he parado, curiosa, a verles pasar, aunque no es ni mucho menos el primero que veo desde que estoy en Munich.

 

Hay días en los que siento que me vuelto muy alemana, muy bávara, y que en algunas cosas no hay vuelta atrás.

 

Hoy no es uno de esos días.

Autumn Leaves

Autumn Leaves

Hoy hace un día muy poco otoñal en Munich. El cielo está azul como pocas veces en esta época del año y, aunque hace fresco, el sol luce esplendorosamente.  

Día de zafarrancho. Hoy o hasta el fin de semana que viene, me he dicho, y creo sinceramente que el paciente no puede esperar tanto. Así que me he escogido un MP3 con 100 canciones para animarme en la tarea y me he puesto al tajo. Ya me veía yo a lo Queen en I want to break free en plan maruja, guantes calzados y aspiradora en mano, limpiando alegremente mi apartamento, cuando,  de pronto, Eva Cassidy me ha pillado totalmente desprevenida y me ha desarmado con su “Autumn Leaves”: 

Since you went away the days grow long
And soon I'll hear old winter's song
But I miss you most of all, my darling
When autumn leaves start to fall
 

Se me ha puesto entonces el ánimo un poco otoñal y he pensado que hoy desde el blog quería recomendaros a Eva Cassidy, una cantautora norteamericana que murió prematuramente a la edad de 33 años. Nada de drogas, ni excesos, ni orgías de alcohol. Se la llevó un cáncer del que fue plenamente consciente en todo momento y que no fue capaz de apartarla de su guitarra hasta que las fuerzas no le dieron para más. En Estados Unidos tienen montado un culto un poco hortera a su alrededor (lo veréis si la buscáis en la red), pero merece la pena abstraerse de todo eso y disfrutar de su magnífica voz.  

Gracias, Charlie, por introducir a Eva Cassidy en uno de esos discos de MP3 que me grababas antes (últimamente me tienes un poco olvidada en ese sentido). Cuanto más los escucho más me pregunto de dónde coño sacas toda esa información musical. Definitivamente no puedo pensar en la banda sonora de mi vida sin pensar en ti.  

I wonder

I wonder

Mírame

Aquí estoy

Esperando algo de la vida

Y preguntándome

Si no será la vida

La que espera algo de mí.

 

Der Weg ist das Ziel (extracto de mi diario de viaje en la Sierra de Gredos)

Der Weg ist das Ziel (extracto de mi diario de viaje en la Sierra de Gredos)

9 de la mañana. Me encuentro mal y me sabe mal estar concentrada en no vomitar en lugar de poder disfrutar del paisaje que parece reirse de mí en forma de curvas interminables. Cada curva: una mueca, y yo cada vez con cara de menos amigos. La montaña es sabia y milenaria y nosotros, pobres mortales, podemos ganarle una batalla  pero no la guerra.  Por fin una parada, gracias a Dios. Alguien quiere sacar una bendita foto.

Dejo atrás el autobús y me asomo al precipicio que se hunde a un costado de la carretera. El aire fresco me hace volver en mí y una mezcla de olor a pino y finísima bruma me recuerdan lo feliz que estoy de estar aquí arriba. No estoy sola, pero me lo imagino. Cierro los ojos un segundo y me olvido de todo por un instante antes de que vuelvan a asaltarme los problemas, que llegan en forma de llamada telefónica desde muy lejos. Paciencia, me digo.

Me siento fuerte, física y mentalmente. Mis pasos se hunden en la retama y agradezco no haber elegido el pantalón corto a pesar del espléndido sol que luce. Salimos del camino marcado siguiendo a nuestro guía particular, el bueno de Bernhard, o Bernardo "el andarín", como ya le llamamos cariñosamente.  A sus 67 años, este ingeniero alemán, ya retirado y reconvertido por amor a la naturaleza en guía de senderismo de la Federación Alpina Alemana, tiene una energía que ya quisieran muchos con la mitad de sus años. Me gusta verle caminar, seguro y aparentemente despreocupado, con su llamativo sombrero de paja adornado con plumas de milano y con las manos a la espalda, como quien pasea. Yo le miro y le doy en silencio las gracias por guiar mis pasos y permitirme perderme en el paisaje que se abre ante mí después de cada recodo de nuestro ascenso.

No es fin de semana y la Sierra de Gredos se muestra en todo su esplendor: imponente, inmensa y silenciosa bajo un cielo limpio y un cálido sol de otoño temprano. De pronto, junto al Refugio del Rey, llama mi atención una familia de cabras monteses. Estoy sorprendida de poder verlas desde tan cerca. Primero nos miran tímidas y un poco recelosas, pero luego se acercan y hasta se diría que posan para nosotros. Son ejemplares hermosísimos con ojos intensos y poderosos cuernos. Parecen tranquilas, pero no estoy muy segura de si les gusta la idea de que les hayamos molestado en su retiro. Más bien las veo resignadas y me da la sensación de que han perdido algo de su belleza salvaje a fuerza de estar en contacto con el hombre. No sé si es un precio demasiado alto.

Tras la pausa para comer, emprendemos la que será la última etapa del camino: parte final de la ascensión al Morezón y espectacular vista del Circo de Gredos. Es probablemente el momento más bonito del día. Con la llegada al pico se cumple el objetivo y el panorama, con la Laguna Grande al fondo, es una merecida recompensa. Nadie habla demasiado y yo agradezco que me permitan disfrutar de la paz que se respira aquí arriba. Se me antoja que en invierno debe de ser muy bonito, pero ahora lo que me apetece es bañarme en una de las pozas que veo a lo lejos. No puede ser. Hay que volver.

Retomamos el camino y descendemos, ahora sí, por el sendero marcado hasta la Plataforma. Entre risas y bromas (la bajada siempre es más distendida) la vuelta se hace agradable, mientras el sol sigue pegando fuerte. Como saben los que me conocen, el sol me da la vida y mis pilas se están recargando para los muchos meses de cielos nublados que están por llegar.

La jornada ha terminado. Ahora quiero ducharme y descansar. Después vendrá el momento de las relaciones públicas y pienso en ello con cierta pereza. Al final, golosa como soy y dejando atrás las ascéticas horas pasadas en la montaña, encuentro el consuelo  en las patatas revolconas y las natillas serranas que he visto que me esperan en el menú de la cena.

"Der Weg ist das Ziel", que dicen los alemanes. O lo que es lo mismo: el camino es la meta. Todo un descubrimiento este rinconcito de España, al que querría volver sin horarios y sin obligaciones. Probablemente lo haré, no me cabe duda. Pero hay tanto que ver...

On the road again

On the road again

Mañana me pongo de nuevo en ruta. Me esperan 5 días de naturaleza y trabajo en la Sierra de Gredos. Estoy ilusionada. Me apetece. Me hace falta. ¿De dónde me viene este impulso nómada? ¿Seré capaz de pararme alguna vez?

Pero, antes de irme, un poco más de Oktoberfest, ¿no? El caso es no parar...

O'zapft is!

O'zapft is!

Sí, amigos, ayer comenzó la Oktoberfest con puntualidad alemana a las 12 del mediodía. Y, como cada año, empezó al grito de "O'zapft is!", mientras el alcalde Ude hacía lo propio, es decir, clavar a martillazo limpio un grifo en un barril de cervza para poder comenzar a servir las pimeras Mass (cervezas de a litro). Como buen primer día de fiesta había un ambiente estupendo: música en directo, gente con ganas de pasarlo bien y mucha mucha cerveza. Yo este año me hice la remolona y llegué cuando a algunos de mis amigos ya les corría cerveza en vez de sangre por las venas, pero no hubo problema, porque los rezagados cogimos el ritmo rápido.

Ahora nos esperan 3 semanas de fiesta, cerveza y bavaridad. Prost!!

Napoli

Napoli

Dicen que Nápoles es el alma de Italia y yo creo que es verdad. Mamma mía qué ciudad... Absolutamente todos los tópicos que conocemos sobre Italia se hacen realidad en esta asombrosa ciudad y, sin embargo, la sorpresa te aguarda en cada esquina. Y, bueno, la sorpresa puede ser desde una maravillosa vista de la costa amalfitana desde el puerto a una pizza aún mejor que la anterior que has comido (que ya considerabas inmejorable) o también una moto que te asalta de pronto cuando caminas "tanquilamente" por la acera. Una o varias al mismo tiempo.

Nápoles es una ciudad viva: palpita, se mueve, bulle, te abre las puertas del paraíso con su luz clarísma y azul y, al mismo tiempo, las callejuelas de su centro histórico bien podrían ser la antesala del mismísimo infierno. O al menos de un purgatorio en el que todo ha quedado suspendido en un tiempo pasado no determinado.

He pasado un fin de semana alucinante en Nápoles. En la ciudad se respiran una alegría y una picardía tales que se hacen patentes en todas las facetas de la vida cotidiana. Pero también hay que decir que a veces parece una ciudad sin ley, donde cada uno se las apaña un poco como puede, y creo que es precisamente esta mezcla extraña la que da lugar a situaciones que parecen auténticamente sacadas del teatro del absurdo. Así, por ejemplo, nos jugamos la vida para visitar el Duomo, porque en la  plaza se estaba disputando un partido de fútbol en toda regla, organizado por dos equipos de muchachos reglamentariamente vestidos y chutando con intención de gol. O el hecho de salir de un restaurante a las 12 de la noche y vernos sorprendidas en medio del caótico tráfico por una lluvia de fuegos artificiales que celebraban un bautizo al lado de una gasolinera.

Y después Capri, Pompeya, los mercadillos, el paseo marítimo, las mil iglesias, el Vesubio...

Ver Nápoles y después morir. Si es que no te ha matado una moto antes de salir de allí, claro.

Bell'Italia II

Bell'Italia II

Ya que os he dejado una foto del Lago di Garda, os dejo también una del Val di Noto y sus manzanas. Bucólico, ¿eh?

Bell'Italia

Bell'Italia

Desde hace un tiempo tengo una época muy italiana. Vivo en Munich, pero la mayor de mis viajes y de mis escapadas de fin de semana se encaminan siempre hacia el lado sur de los Alpes. En este momento me siento enamorada de la cultura, las costumbres, la música y  la variedad del que llaman Bel Paese. No en vano vivo en la que los muniqueses llaman "la ciudad más al norte de Italia". Ya quisieran ellos.

El fin de semana pasado descubrí el Val di Noto, tierra de vinos y manzanas, y el bellísimo Lago di Garda. Aquí lo consideran su mar particular y de hecho los alemanes lo tienen un poco invadido, pero merece la pena librarse de los prejuicios y hacer una escapadita para disfrutar de su paisaje, su luz y su microclima mediterráneo a los pies de los Dolomitas.

Esta tarde me voy al otro extremo de Italia, geográfica y culturalmente. Esta tarde vuelo a Nápoles. Allí me esperan siglos de historia, mercados, mucho tráfico, bullicio y la excelente cocina napolitana. También el imponente Vesubio y mi añorada luz del sur. Eso es lo que espero, pero estoy segura de que me soprenderá.

Me han dicho que tenga cuidado, que los Napolitanos son de temer. Yo estoy tranquila. También soy del sur y si me sale la vena andaluza los napolitanos no saben con quién se juegan los cuartos.

Más a mi vuelta.

 

 

¡Qué bavaridad!

¡Qué bavaridad!

Con este chiste, fácil y tonto, comienzo éste mi post-resúmen de la estancia de mis amigos Nacho y Cris en Múnich. Una semana han estado por aquí y se ha hecho cortísimo: ellos no han parado de ver cosas y yo, que estaba además currando, pues no he parado, pero ha merecido la pena, porque lo hemos pasado genial.

Lo mejor es que el tiempo nos ha dado una tregua en este terrible agosto que estamos teniendo. El sol ha salido y hemos podido recorrernos la ciudad en bici e ir de biergartens, que para mí es de las cosas mejores de Munich. Desde luego las comilonas bávaras no habrán hecho muchos estragos en nuestras curvas, porque otra cosa no, pero pedalear hemos pedaleado un rato. De hecho he visto cosas que en 3 años en Munich por pereza no había visto. Es lo que tiene hacer de guía. Por ejemplo, el club de jazz Unterfahrt, al que hasta ahora no había encontrado el momento de ir. O tal vez la compañía adecuada... En fin, hemos tenido de todo. Hasta un paseo en bici bajo una romántica tormenta de verano, después de unas cervezas al son de polcas bávaras en el Englischer Garten. Bueno, la tormenta fue romántica al principio, porque después de un rato Cris y yo parecíamos las candidatas del concurso Miss Camiseta Mojada (si os portáis bien, habrá foto, jeje).

Es difícil elegir un hit del viaje, pero creo que me decantaré por el encuentro que tuvimos Cris y yo en el jardín del Palacio de Nynphemburg. Allá que íbamos las dos viéndonos a nosotras mismas en trajes de época, paseando bucólicamente, cuando de pronto un señor vestido de negro y alzacuellos nos saludó al oir que íbamos hablando en español. Le devolvimos el saludo, charlamos un momento y luego se fue. Se trataba del mismísimo Rouco Varela, antiguo e ilustre alumno de mi querido Colegio Español de Múnich. Sorpresas te da la vida. ¡Y Nacho con la cámara haciéndole fotos a los cisnes! Si hubiera estado ahí ahora tendríamos la "foto friqui" del viaje. En fin, a cambio os dejo la foto que prueba que Nacho y Cristina se lleva algo de bavaridad en sus corazoncitos, de lo cual me alegro. A mí la foto me sirvió de excusa para desempolvar los "dirndl" y ponerlos a punto para la inminente Oktoberfest. PROST!!!

Nacho y Cris, de expedición en Múnich

Nacho y Cris, de expedición en Múnich

Esta semana tengo visita. Después de darles un poco la murga, mis amigos Nacho y Cristina se han animado a venir por aquí. Por unos días nos sumergiremos en la bavaridad más pura e iremos de la cerveza blanca al codillo y de las salchichas a la cerveza negra, y tiro porque me toca, de Biergarten en Biergarten y de restaurante típico en restaurante típico. No puedo negar que me encanta lo de hacer de guía en esta mi querida Munich. La Frauenkirche, la Kaufingerstrasse, el Englischergarten, Marienplatz, etc... Todos esos sitios que de vivir aquí pueden llegar a pasarte desapercibidos, y que cobran nueva vida cuando los ves en compañía de gente que los visita por primera vez. Esta sobredosis de bavaridad me servirá además de aperitivo para la Oktoberfest: la fiesta popular más grande del mundo.

A Nachete lo conozco desde siempre y, durante años, fue más que un amigo. Noooooo, no penséis mal, Nacho fue durante años "cuñado" mío (entrecomillo la palabra porque siempre me ha sonado como algo muy serio). A Cris la conocí a través de Nacho hace ya una vida. En el grupo de amigos su casa es como la casa de Mónica en la serie Friends: punto de reunión obligada. Por eso estoy tan contenta de que me visiten por fin en mi hogar germano. Además, sé que Nacho lleva sangre bávara en sus venas: sólo hay que ver los ojillos que se le ponen cuando yo cuento mis batallitas muniquesas. Cris, por su parte, es una persona increíblemente entusiasta en todo lo que emprende.

Lo vamos a pasar en grande. Si consigo que se coloquen el traje bávaro, prometo foto :)

 

 

¿Es posible?

¿Es posible?

Y, sobre todo, ¿es necesario?

Un placer

Hoy, mietras esperaba el metro para ir al trabajo, he leído una frase que viene muy al caso de mi último post:

"La melancolía es el placer de estar triste" (Víctor Hugo).

Pues eso.

Buenas noches.

Chove

Chove

 "Se a minha alma fechada
Se pudesse mostrar,
E o que eu sofro calada
Se pudesse contar,
Toda a gente veria
Quanto sou desgraçada
Quanto finjo alegria
Quanto choro a cantar..."

(Que deus me perdoe, fado con letra de Silvia Tavares y música de Frederico Valerio)

Casi no me creo que estemos en un domingo de agosto. Sigue lloviendo y se me antoja que la lluvia que veo a través de mi ventana es una lluvia portuguesa, como de fado. Cae despacio y constantemente. Parece que siempre hubiese estado ahí y que no tuviese planeado marcharse nunca, como la tristeza que se aloja en el alma y parece no tener fecha de partida; esa tristeza atlántica del que espera sabiendo que no ha de llegar lo esperado.Esta lluvia me inspira una leve melancolía y hasta una nostalgia imprecisa, no sé muy bien de qué. Pero me siento extrañamente a gusto, tal vez porque sé que el sol sí ha de volver a salir y que este fado no es más que la banda sonora de una portuguesa tarde de domingo.

Blogeando

Blogeando

Esta noche ha vuelto a visitarme el insomnio, así que, a falta de un plan mejor, he aprovechado para darme una vuelta por la blogosfera. He visitado con la calma que da la soledad de la noche los blogs de amigos y conocidos, a los que normalmente no puedo dedicarles todo el tiempo que me gustaría y, como el insomnio peristía, me he paseado también por las páginas que esos amigos y conocidos tienen en sus blogs como enlaces. Uno de ellos, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha llamado mi atención con una serie de disertaciones pedantes acerca de lo que es o debe ser un blog. He leído con curiosidad sus opiniones y me he dicho al principio que no merecían un comentario. Sin embargo, esta mañana, con la primera taza de café y la mente aún espesísima, me he sorprendido a mí misma divagando sobre el tema, el ser o no ser de los blogs y, en definitiva, sobre la lista de complejos psicológicamente tratables que creo que se le pueden aplicar a mi "amigo" el profeta de la bitácora cibernética.

Vaya por delante que yo no voy a clasificar los blogs en mierda narcisista y simplemente basura, como hace nuestro amigo. Yo creo que son un invento genial, precisamente porque son como las lentejas: que si quieres las comes y si no las dejas. ¿Qué la mayoría no son obras de arte? Está claro. Tampoco creo que hayan nacido con esa intención. A mí lo que me fascina es la inmediatez y la posibilidad de interactuar. Lo demás es cuestión de gustos.

Yo, que siempre he llevado algún tipo de diario y que adoro los álbumes de fotos, simplmente me divierto compartiendo mis cosas con aquellos que quieran leerlas. Genial, basura o pozo de mediocridad, así es como me sale y refleja ni más ni menos a la persona que hay detrás: unos días con más alegría, otros con tristeza o ironía, a veces con cierta impostura y en ocasiones simplemente con las dos líneas de un pensamiento que cruza mi mente antes de irme a la cama. Ni más ni menos. Me niego a hacer de este placer una paja mental.

Aquí os seguiré esperando.

Capricho

Capricho

Hoy he tenido un antojo de lo más tonto: un iPod Nano y creo que no voy a tener más remedio que comprármelo... Así son los antojos, no? Absurdamente irresistibles.

Ya os contaré de mis peripecias, que seguro que las habrá tratándose de tecnología. Si es que en el fondo me va la marcha ;)

Lluevo, llueves, llueve...

Jueves, llueve.

Caen tristes las gotas por el cristal de mi ventana,

melancólicas,

en una irónica tarde de verano.

Lluevo,

caen despacio las gotas por mis mellijas

y se empaña de pena el cristal de mis gafas.

Ya no te quiero.

Jueves ¿llueves?

y es que, al fin y al cabo,

tú tampoco me quieres.

 

"Y así estamos los dos...

en vez de estar haciendo el amor

tras la cortina de un cine de verano"

(Si tú si yo, Muchachito)

Para Troilo y Salgán

Para Troilo y Salgán

Son las 10 de la noche y el título de este post se refiere a la enorme satisfacción de poder estar escuchando este tema que me encanta, tocado por Michel Camilo y Tomatito en el disco Spain, en mi reproductor de cd. Suena absurdo ¿verdad? Este hecho, que parece nimio, significa la culminación de todos mis esfuerzos por domar a este mi maldito ordenador y conseguir que haga lo que yo quiero que haga, esto es,  convertir los mp3 en archivo de audio y grabarlos en un cd que se pueda escuchar en cualquier reproductor.

Ya sé que el proceso es, al menos teoría, sencillísimo, pero con con la impaciencia que me caracteriza, mi mala relación la tecnología y, en definitiva, con el trabajito que me ha costado, yo esta noche me siento de lo más orgullosa y, una vez más, una mujer feliz y preparada para vida moderna.

Y lo mejor de todo es que mis uñas han resistido enteras todo el proceso... ¿habre superado de verdad el vicio de comérmelas?

El piano de Michel Camilo y la guitarra de Tomatito suenan ya por tercera vez...

Perder la cabeza

Perder la cabeza

Abrumada por mi mala cabeza, me he ido al diccionario de la RAE y me encontrado con que, efectivamente, la definción del término "perder" se ajusta a la perfección a la que parece ser mi actividad favorita últimamente. 

perder.

(Del lat. perdĕre).

1. tr. Dicho de una persona: Dejar de tener, o no hallar, aquello que poseía, sea por culpa o descuido del poseedor, sea por contingencia o desgracia.

En los últimos 2 meses he perdido 3 cosas de uso diario y eso en tres ocasiones diferentes: mi cartera, mis gafas y mis llaves. Y todo por mi mala cabeza. La cartera, como ya conté en este blog, la perdí, o me la robaron, en un afterhours (¡quién me mandaría a mí!). La gafas las perdí por presumida, por quitármelas para hacerme un foto (¡maldita vanidad!). Y las llaves...bueno, las llaves las perdí en el más amplio sentido de la palabra. Vamos, que desde la última vez que las vi hasta que me di cuenta de que ya no las tenía, no tengo ni idea de dónde me las dejé.

Pero lo peor de perder, además de lo imbécil que te hace sentir, es restituir las cosas que has perdido, actividad durante la cual se pierde, además de mucho tiempo, a veces también la paciencia y se gana una gran dosis de rabia y frustración.

Ah, se me olvidaba mencionar mi última pérdida, ésta debida a la segunda parte de la definición del DRAE: mis vacaciones en Grecia. Otra vez será, Partenón, gyros y playas de agua azul turquesa... En su lugar he pasado una semanita en casa tostándome al sol y viendo a la familia y a los amigos de siempre. Al menos la restitución de esta pérdida me ha llevado a casa antes de lo que pensaba y se ha transformado en una semana de relax después de mi ajetreada semana en la bella Sicilia. Pero, a pesar de todo, la pérdida se queda ahí, incómodamente incrustada. Como todas las pérdidas.

En fin, resignación, que decían los antiguos. A ver si al menos en esta racha de perder, pierdo lo único que ahora me interesa perder: ¡los kilos! 

Y en este momento se me dibuja en la cara la ironía en forma de sonrisa torcida y cejas arqueadas. Jajaja. Yo misma me río de mi.

¿Estaré perdiendo también la cabeza?

Esos kilos de más

Esos kilos de más

                                                                         Maitena (Mujeres Superadas)

Curioso...en este blog todavía no he hablado de este tema. Los kilos: esa gran "sorrow" de nuestro primer mundo desarrollado y también una "sorrow" constante en mi vida.

 Un vez más empiezo una dieta. A ver lo que me dura.

Otro día que me encuentre de mejor humor y tenga mi ironía más a mano os contaré algunas historias tragicómicas de mi lucha contra la báscula (Bridget, cómo te entiendo...).

Buenas noches.