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Mujer on constant sorrow

B.S.O.

B.S.O.

La vida está hecha de pequeños logros que nos hacen felices. Sé que es una estupidez, pero a mí esta noche, de pronto, se me ha encendido la lucecita que ha iluminado lo que estaba hacendo mal a la hora de colgar música en mi blog. Un tontería, pero a veces lo que más nos cuesta ver es lo que tenemos delante.

No pierdo más tiempo y os dejo una canción.

Podían haber sido muchas, pero creo que tenía que ser esta en honor al título de mi blog. En qué banda sonora está recogida no tengo que decirlo ¿no?

Dejaré más y hasta creo que tendré que contenerme...

Buenas noches.

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Ojos de artista

Sentada en aquel taburete situado en el centro del estudio pensó de pronto que nunca un artista la había mirado así antes. 

Desnuda sobre la sábana blanquísima y arremolinada que cubría el asiento y con la piel tensa por exigencias de la postura, se dejó acariciar por aquellos ojos tan especiales. Centímetro a centímetro recorrió el escultor cada tramo de piel, explorando las sombras de cada recoveco  y recreándose en cada ángulo y cada curva, con una suavidad y una delicadeza tales, que a ella casi le parecía que la estaba mirando un argos sensitivo, cuyos ojos fuesen todo tacto capaz de acariciar del modo más dulce. 

En algunos momentos la recorría de arriba abajo como una ola que abarca por completo y engulle con tanta determinación que uno se ahogaría casi con placer. En otros, en cambio, parecía encontrar una esquina insólita o un músculo particular y se detenía en él durante un rato, al tiempo que moldeaba furiosamente su bloque de arcilla y se mojaba las manos para que la pieza no perdiera su frescura; arrancando y pegando, alisando y torneando; alternando la combinación de dedos sobre aquella escultura que debía ser la interpretación de su cuerpo. Llegados a un cierto punto, él le pidió que cerrara los ojos y ella sintió que el suelo se le escapaba bajo los pies y que sólo aquella mirada la mantenía suspendida, a salvo de precipitarse en vertiginosa caída hacía desconocidas profundidades. 

El escultor terminó y ella notó que la tomaba de la mano animándola a levantarse. 

-No abras los ojos – le pidió en voz baja – Ven. Y la condujo delicadamente hasta la escultura, colocándole despacio las manos sobre ella. -Toca sin miedo, pero con cuidado, aún está fresca. Quiero que veas cómo yo te he visto.

Ella, vestida con una fina capa de arcilla que empezaba a solidificarse sobre su piel, deslizó con curiosidad sus manos por aquella pieza y descubrió sorprendida cada palmo de su cuerpo, interpretado con una fuerza y una sensibilidad que la conmovieron en un escalofrío que a duras penas pudo espantar con un repentino suspiro. El artista sonrió y la invitó a contemplar la escultura como todos la verían: el supuesto resultado final, incompleto, como ella acaba de comprender, sin el regalo que él le había hecho. Entonces fue cuando también comprendió, ahora con tristeza, que todo tiene su precio y que toda mirada le parecería en adelante absurda, tosca, torpe, burda, mientras se repetía, convencida, que a ella nunca la habían mirado de esa manera. 

Pocos días después leyó en el periódico una reseña sobre una exposición del escultor y algunos datos sobre su vida. Tomás V. había perdido la vista en un accidente de coche que truncó su carrera de fotógrafo. Desde entonces se había dedicado a la escultura y sus manos se habían convertido en sus ojos.    

Adiós, pesimismo

"Ya sos mayor de edad 
  tengo que despedirte 
  pesimismo"

Chau pesimismo, Mario Benedetti

Es curioso cómo se instala en nosotros, lo fácilmente que le hacemos sitio en nuestro corazón y cómo se convierte, sin casi darnos cuenta, en inquillino imprescindible de nuestro pensamiento. Y sucede así, sin darnos cuenta. El pesimismo es un escudo que nos cobija frente a los envites de la realidad. Es la vanguardia de nuestro ejército, esa avanzadilla que avisa de los peligros y nos hace sentirnos más seguros sólo por pensar, que esperando lo malo, lo peor no podrá cogernos desprevenidos. No podrá desarmarnos.  Lanzamos el pesimismo como un boomerang decapitador y lo acogemos a su vuelta en el abrigo de nuestro pecho, satisfechos con la confirmación de que, efectivamente, el mundo es tan malo como parecía. Y nosotros ya lo sabíamos.

Adiós pesimismo... ya eres mayor de edad. Ya has crecido en mi interior al calor de mis sufrimientos y mis tristezas, de mis fracasos y mis decepciones. Ya me has enseñado que, a veces, pensar mal es acertar y que el mundo puede ser feo, malo, triste y brutal. He aprendido que nuestra infelicidad no se esconde en grandes desgracias, la mayor parte de las veces, sino en la medianía constante de nuestra vida cotidiana. Lo sé, pesimismo. Como sé que muchas cosas no cambiarán y que otras lo harán para peor. Todas son lecciones necesarias. Te las agradezco y, sin embargo, hoy me despido de ti.

No niego que te echaré de menos y que seguramente te evocaré y gritaré tu nombre para que vuelvas cuando la vida acierte en su estocada y me deje herida, sin equlibrio, tambaleándome. Entonces sé que te miraré con nostalgia. Eso seguro... Pero aún así, estoy decidida a caminar sin tu escolta y a dejarme sorprender.

Para tu consuelo te diré que no te dejo por el optimismo, que es tan ciego y tan engañoso como tú, aunque de él haya aprendido también algunas valiosas lecciones.

Ahora quiero lanzarme a la vida sin bastones ni escudos. 

¡Voy!

Espiral de besos

Espiral de besos

Collage por cortesía de Rebaba 

Hace algunas semanas se preguntaba Adulter (ver enlaces) en su blog qué sería eso de los "besos en espiral". Yo le contesté que no lo sabía, pero que se me habían ocurrido algunas ideas que le explicaría en cuanto viera cómo funcionaban en la práctica. 

A veces una imagen vale más que mil palabras, y como en este caso hay documento gráfico, aquí os dejo mi interpretación de la cuestión.

Nos aproximan, nos excitan, son principio, son proceso y son fin. Nos presentan, nos despiden, nos prometen. Nos gustan. Dulces, tiernos, apasionados, furiosos, pícaros, inocentes. Por amor, por sexo, por cariño... Hay miles de posibilidades. Que no nos falten, pues.

Immer wieder März

Immer wieder März

Marzo es un mes que me sienta mal.

Es un quiero y no puedo entre el invierno y la primavera que me desconcierta y me desequilibra el alma. Es como febrero, pero más puñetero, porque hace promesas que luego no puede cumplir y aún no es abril, de modo que puedes, y debes, contar con lluvias, tormentas y hasta granizos de mal agüero.

Marzo es malo para la agenda, para el armario y para el corazón. Por eso paso por él siempre de puntillas, por miedo a quedarme atascada  eternamente en un marzo infinito de indecisión y dudas. ¡Qué horror! Creo que esperaré a abril para terminar de descongelarme, no sea que me eche a perder.

Y para colmo me paso la vida entre hoteles y aviones, que ya no sé ni para qué pago un alquiler. Más me valdría tener acciones de la Lufthansa...

En unas horas me espera Berlín, como siempre hacia mediados de marzo. De nuevo la maleta, el avión y una habitación de hotel (esta vez espero al menos saber dónde estoy cuando me despierte). El trabajo me atrapará la mayor parte del día, pero ya me las apañaré yo para dejarme atrapar también por la que para mí es una de las ciudades más apasionantes de Europa. 

Sed buenos. 

Hasta la vuelta. 

El Tigre

El Tigre

 Tiger, Franz Marc (1912)

“Tiger! Tiger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?”
 

The Tiger, William Blake

Llevas el universo reflejado en tu piel

 

y en tus ojos

 

pueden leerse todos los libros.

 

Te arde dentro un fuego primigenio,

 

terrible,

 

casi olvidado ya,

 

que se dibuja en llamaradas negras,

 

simétricas,

 

perfectas.

 

Tranquilo, sin embargo,

 

transmites la sabiduría infinita

 

de los  tiempos

 

que casi no se pueden contar.

 

Nos intuyes,

 

nos miras apenas,

 

para decir sin palabras:

 “No me molestéis. ¿No veis

que no os necesito?

 

Desafiante,

 

orgulloso,

 

sabio.

 

Imprevisible.

 

Tu mirada es la expresión

 del deseo más intimo de la Naturaleza. 

Sinceridad

Se acabó

Negar

Huir

Pensar

Que aceptar

Es rendirse

También la infelicidad

Es una piedra firme

Desde la que poder

Avanzar

Despertar

Despertar

7:30, suena el móvil. No, no creo que sea mi amante que me echa de menos y no puede dormir sin mí. Más bien es el puto despertador. Saco una mano del sueño y la lanzo contra lo que yo creo que es mi mesilla de noche, en busca del maldito móvil atronador.  Pero en el camino  mi mano se lleva por delante un teléfono (¿de dónde ha salido un teléfono?), mis gafas, mi reloj y demás bisutería y, por fin, el móvil, que sigue vibrando y sonando por el suelo. ¡Dios! ¡Que alguien lo pare! Yo, que si no recuerdo mal  soy el único alguien disponible, me guío por el sonido hasta que mi mano da con el dichoso móvil y acierto a pulsar el botoncito salvador (no volverá a sonar hasta dentro de 15 minutos). De nuevo silencio. Entreabro un ojo y ya es de día. Decido entonces remolonear un poco por la parte de la cama que aún debe de estar fresquita, pero ¡horror!, para mi sorpresa no hay más cama y sólo me encuentro con la pared. No entiendo nada. Resignada, me froto los ojos y miro a mi alrededor.

 

Ahora lo sé: una vez más estoy en una habitación de hotel y no me acordaba…

Andaluces

"Hombres de luz que a los hombres,

 alma de hombres les dimos"

Himno de Andalucía, Blas Infante.

Paraíso

Paraíso

"Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos"

Sombra del Paraíso, Vicente Aleixandre

La boda de mis queridos amigos amigos Toñi y Edu me da la excusa perfecta para dejarme caer unos días por Málaga.

Voy a ver si me emborracho de sol y me dejo mecer despreocupadamente por las olas del mar.

Por cierto, mamá: ¿Me preparas unas lentejitas?

Pongamos que hablo...

Pongamos que hablo...

La ciudad me recibió con un cielo limpio y azul, y con el frío seco que sólo hace los días claros. Vagué por las calles sin destino cierto. Pensaba en ti y me dejé llevar por la ruta que marcaba la brújula de mis recuerdos. Te encontré por muchas esquinas y pude sentir claramente el tiempo transcurrido entre dos puntos dados de mi vida. De nuestras vidas. No siempre mide la línea recta la distancia más corta entre dos puntos (ya lo demuestran la memoria y sus dardos certeros, que recorren caminos tortuosos en tiempo récord).

Una misma ciudad y dos momentos que se grapan instantáneamente en la memoria.

Así funciona.

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De aniversarios y robinsones o la historia de un blog

De aniversarios y robinsones o la historia de un blog

La culpa de todo la tienen Iván y su “escondite”.

 

Un día, no muy lejano aún, cuando todavía compartíamos el techo de ese entrañable hervidero que es el Colegio Español de Múnich, Iván nos mandó a todos los compañeros y amigos un e-mail con un link pidiéndonos que le visitásemos en su “escondite”. Hasta ahora nos había comentado siempre sus proyectos artístico-profesionales en apasionantes sobremesas y noches de comedor, y sus cortos los habíamos visto en exclusivo pase privado en el Colegio, pero ahora que ya planeaba su vuelta a España, nos decía que podíamos seguir en contacto a través de este link, cuya visita nos proponía. Y yo, curiosa como soy, me fui a ver qué era aquello.

 

Algo había leído en un reportaje que salió en El País Semanal acerca del universo bloguero, pero hasta que Iván nos invitó a su blog, la verdad es que nunca había entrado en uno. Decidí entonces que me gustaba la idea y comencé a darle vueltas, pero la falta de tiempo y de recursos (yo entonces no sabía que era tan fácil) fueron dejando el proyecto en el aire hasta que apareció Gabi. Y es que fue él, mi informático preferido y en aquel tiempo también vecino de piso en el Colegio Español, el que me explicó por fin cómo funcionaba todo este universo en el que poco a poco me iba adentrando. Así que tal día como hoy hace un año comencé a darle a la tecla y abrí el espacio desde el que hoy sigo escribiendo.

 

Pero hay un  tercer culpable de que este blog exista. Si Iván me dio la idea y Gabi le puso forma, fue un robinson, de profesión bombero, el que me animó sin pretenderlo a que este blog no quedara en el limbo de las bitácoras olvidadas a los dos meses de haber sido iniciadas con mucha ilusión.

 

Pasaba yo un momento algo extraño y el blog, que aún no formaba parte de mis vicios-rutinas (que todo es uno), fue el primero en notarlo. Un comentario en el momento justo y el inicio de un blog que yo comencé a visitar, hicieron sin embargo que esto dejara de ser para mí tan sólo una forma de expresión en peligro de extinción y se convirtiera en lo que sigue siendo hoy: una forma activa de comunicación. Ese blog, que yo comenté con mucho cariño, ya no existe, pero el robinson-bombero me sigue visitando en ocasiones cuando pasa cerca de mi isla en sus viajes por los Mares del Sur. Y yo me alegro siempre de leerle.

 

Por cierto, que a él le debo mi nombre y es justo recordarlo en este día de aniversario.  Un día cualquiera, navegando en busca de las notas de un “Mar Antiguo”, vino  a naufragar a las orillas de mi blog y me llamó por mi nombre. Como quien nombra algo nuevo por primera vez, como Robinson Crusoe llamó Viernes al indígena que encontró en la isla donde naufragó, él me llamó Sorrow y yo acabé asumiendo ese nombre que hoy es inseparable de mi actividad bloguera.  Supongo que lo de Mujer on constant sorrow debió parecerle muy largo. Y tenía razón.

 

Por tanto: gracias Iván, gracias Gabi, gracias Bombero. Y gracias a todos los que os habéis ido pasando por aquí en este año. Gracias de corazón por el ratito que me dedicáis con vuestras lecturas y vuestros comentarios.

 

Invitados estáis a un trocito de mi tarta virtual y a una copita de cava, pero no sólo hoy. Yo, como el Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas, celebro con más ilusión si cabe los no-cumpleaños. Así pues, os animo a pasar por aquí cuando queráis a que celebremos juntos los 364 no-cumpleaños que quedan hasta el día de mi segundo aniversario bloguero.

 

Invitados estáis.

Los amantes

Los amantes

Los amantes (René Magritte)

Y estos dos ¿tendrán algo que celebrar?

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P.D.: Como no suelo hacer caso a los médicos, cierro el negocio y me voy unos días de viaje. A mi vuelta cuento.

P.D.2: Happy "blue Valentine", my dear (y perdona la contradicción). Una canción en un blog me ha hecho pensar en tí en este día tan ñoño. Sorry.

Besos. 

¿Qué me pasa, doctor?

¿Qué me pasa, doctor?

-Tengo buenas noticias: nada de virus. Lo que usted presenta es un cuadro clínico de desorden vital, cacao mental y agotamiento brutal.

-Y me lo dice así. Menos mal que no me tiene que decir que me quedan 3 meses...

-Pues como siga por ese camino...

-Bueno ¿Y qué me recomienda?

-Que se tome un par de días libres.

-Es que no puedo.

-Pues haga un poder.

-¿Notarial?

-No, mujer, de voluntad, que además esos no cuestan dinero.

-Pero cuestan una de esfuerzo... Además, ¿no me acaba de decir que tengo que descansar?

-Está imposible ¿eh?

-Ya lo sé... Lo que tengo que hacer en realidad es organicionarme.

-Será organizarse.

-No, organicionarme, que aunque sólo sea porque tiene más letras, suena más importante.

-Eso es de una película.

-¡Muy bien! Le veo bien, doctor.

-Y yo a usted muy peliculera.

-Siempre lo he sido, ya me conoce. Y ahora en serio: ¿qué me receta para lo mío?

-Que haga usted más de maruja en lugar de pasarse el día sin parar de un lado a otro. ¿Lo hará?

-No sé, no sé, doctor. Ya le contaré en una postal.

Sólo vecinos

Cuando me da por ser optimista me llevo todos los premios. Hoy, por ejemplo, no tendría rival.

 

Tengo la nevera medio vacía (no podía ser de otra manera), la casa a medio arreglar, la ropa a medio planchar, un trancazo que está haciendo su entrada triunfal y, encima, llueve en vez de nevar.

 

Ayer aún estaba esquiando en Kühtai, disfrutando de lo lindo, y hoy soy la persona más miserable de la tierra, exagerando un poco, claro está. Cierto es que ayer, domingo, tenía la nevera igual de medio vacía y mi casa era tan desastre como hoy, pero es que la enfermedad te cambia las perspectivas. Hoy odio al mundo y con él a todo ser viviente que ose molestarme.

 

Huyendo de los espejos y demás testigos de mi mala cara, me he dejado caer en el sofá y me he hecho un ovillito bajo varias capas de mantas, dispuesta a pasar la tarde en compañía de alguna peli de esas que he visto ya 500 veces.

 

Ummm… a ver... ¡Solteros!, esa me voy a poner. Que hace por lo menos 6 meses que no la veo.

 

Como en compañía de un buen amigo, el rato se me pasa volando y llego casi al final. Entonces comienza una de mis escenas favoritas:

 

Suena el Blue Train de John Coltrane y la cámara recorre un apartamento desordenado (vaya, me suena) hasta encontrarse con Steven (Scott Campbell), que está tirado en medio de su desastre, físico y espiritual (qué malas son las penas de amor, me digo, con lo bien que está este chico). Llega entonces Janet (Bridget Fonda) que termina por animarle un poco. Se abrazan y él, en recuerdo de tiempos pasados, le da un beso que ella rechaza cariñosamente.

 

“Steven: ¿Sabes? En un universo paralelo seríamos una pareja estupenda.

Janet: Si… pero en este, sólo vecinos”

 

¡Y se quedan tan anchos! Claro, como la peli tiene final feliz… Que les zurzan a ellos y a su felicidad…

 

Normalmente esta escena me conmueve, pero hoy… hoy no la soporto. Sí, ahora lo veo claro (nada como el lecho de enfermedad para revolcarse una en sus propios traumas). ¿Cómo no me di cuenta antes? Seguramente ya he encontrado a mi pareja perfecta en un universo paralelo, porque lo que es en este, como siga con mi suerte, no pasará de ser mi vecino, por decir algo (no tengo ningún vecino al que me gustaría dar acceso a mi universo).

 

Termina la peli y suena el timbre. ¿El destino que llama a la puerta? No, el Hausmeister que viene a arreglarme el grifo del lavabo (hoy es dura la realidad como pocas veces). Ya era hora, pero ¿tenía que ser hoy? Le recibo con cara de perros:

 

-Vengo a por lo del lavabo.

-Ah, muy bien, pase ¿tardará mucho?

-No sé, depende de la avería.

(Dioooooosssssss, no puedo más. Mi cara no disimula más)

-Le veo mala cara.

-¿En serio? No se preocupe, es que hay más vida dentro de mí que de costumbre.

...................................................

Lavabo arreglado, virus en plena orgía reproductiva (cabrones) y yo… nada… jodida pero contenta, como dice la canción. ¡Qué remedio! Al menos tengo lavabo de nuevo. Y ya lo recomienda la peli (aunque al principio): "Diviértete. Quédate soltero". En ello estamos.

 

Buenas noches.

Tenía corazón

Tenía corazón

Anatomía del corazón (¡Y tenía corazón!)

Enrique Simonet

Dos ojos brillantes en la noche. Eso le parecieron los dos focos que surgieron de la nada. Entonces, un golpe seco; una pirueta mortal; un charco de latidos aún calientes esparcidos por el suelo.

No hubo dolor, sólo sorpresa ante la inmediatez de lo inevitable. Y una certeza:

"Así que era esto, morirse... ¡Qué poca poesía! Menos mal que nadie ha vuelto para contarlo. Si alguien llega a enterarse se echarían a perder tantos siglos de literatura... La poesía se queda a este lado de la frontera".

Eso pensó y se esforzó por echarle la última sonrisa torcida a la vida.

Noche estrellada, luna de enamorados, frío silencioso y la soledad perfecta. Sí, la poesía se había quedado a este lado de la frontera, donde aún latía sobre la acera el calor de lo que fue un corazón.   

Usufructo

Usufructo

Dios está en todas partes (así nos va), pero el Diablo es mucho más selectivo en sus apariciones y esto tiene que ver con su eficacia, creo. Se le aprecia el esfuerzo, pero contenta me tiene.

La última vez que le vi fue en Viena, hará unos dos meses, y aquel día me invitó a tomar café en bandejita de plata. Estuvo elegante como el pecado y atento como sólo él sabe serlo. Y es que para él tú y sólo tú eres lo más importante. Nada de amor universal ni misericordia infinita. Aquí hablamos de dedicación exclusiva, porque el Diablo, en contra de lo que se piensa, no compra almas, sino que las disfruta cuando es invitado y eso conlleva concentración. De hecho yo ya hace tiempo que le dejé la mía en usufructo... 

El caso es que hacía semanas que lo buscaba y me rondaba la idea de que no le apeteciese venir por tierras tan frías y tan católicas. Entiendo que le dé repelús, pero, por otro lado, sé que se pirra por una buena ópera y que hay pocos lugares más apropiados para pecar para alguien enamorado del refinamiento y la cultura.

Así que me hallaba dividida entre una ligera esperanza y la más absoluta desesperación. Unos días me parecía ver su rabo asomando tras una butaca del teatro, o casi estaba convencida de que el resplandor de sus ojos me observaba tras las páginas del Süddeutsche Zeitung en un café. Otros, sin embargo, me parecía no ver rastros suyos en ninguna esquina y hasta le buscaba en lugares imposibles, como en la catedral, donde una zafia leyenda dice que se quedó marcada su huella (qué sabrán ellos).

Mira que me tiene más que dicho que no me reproche nada, pero yo ya casi estaba en ello cuando, por fin, esta noche me ha visitado. Lo sé porque al despertarme me he encontrado sobre la mesita de noche un regalito y una nota:

"Estoy muy liado, ya sabes cómo está el mundo, pero no me olvido de ti.

Te dejo un regalito.

Para que aprendas a ser buena incluso cuando seas mala"

Mira que es irónico el cabrón... Me pone malísima.

Practicaré pues, hasta que vuelva a dignarse.

3 años y un día

3 años y un día

“München leuchtete”

("Múnich brillaba")

 

Gladius Dei, Thomas Mann

 

  

Fue hace tres años y un día cuando llegué a Múnich. No era la primera vez que venía, pero algo me decía que esta vez la estancia duraría algo más que los 12 meses que aseguraba el contrato de mi beca. Lloré, pues, al despegar el avión (yo, que nunca lloro en las despedidas) y me preparé mentalmente para afrontar el reto de vivir mi propio sueño.

 

Entonces Múnich era azul.          Damals leuchtete München blau.

Azul como mis sueños                Blau, wie meine Träume.

y se me colaba en el alma,          Und sickerte in mein Herz, 

despacito,                               viel versprechend;

para llenármela de deseos           nahm mir den Schlaf

y dejarme en vela                      in den blauen Nächten.

en las noches azules.                 Damals leuchtete München blau, 

Entonces Múnich era azul.           blau, wie meine Träume.

Azul como mis sueños.

 

Han pasado 3 años y un día y para mí Múnich sigue siendo azul y sigue brillando. Porque tengo la sensación, en parte aterradora, de estar exactamente donde quiero estar cumpliendo mi condena.

 

P.D: Gracias, Angelika, por la ayuda con la versión alemana del poema.

  

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Underwood girls

Underwood girls

"Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.

(…)"

 

Underwood girls, Pedro Salinas

 

En mi adolescencia, allá cuando empecé a enfermar de literatura, había un objeto que deseaba con todas mis fuerzas poder poseer algún día: la máquina de escribir Underwood de mi padre. La había comprado de segunda mano en un mercadillo de Sevilla, en su época de estudiante, y desde que puedo recordar ha estado en el cuarto de estar de mi casa.

 

La verdad es que siempre me había llamado la atención, con sus teclado profundo, sus letras redondas, su elegante letrero, su negro apagado, su resplandor de otra época…, pero fueron la edad y las lecturas las que hicieron que, poco a poco, fuesen creciendo en mí tanto el fetichismo como las ganas de escribir “seriamente” (porque escribir había escrito siempre), y para ello la Underwood se me hacía absolutamente necesaria. Tan necesaria como inalcanzable la veía. Y es que mi padre la adoraba.

 

Un día me atreví por fin a plantarle cara a mi padre y a soltarle de carrerilla la lista de argumentos según los cuales yo debía poseer la Underwood. Para mí sorpresa no me dijo que no, como yo esperaba, sino que me desafió, como ha hecho tantas veces:

 

“Es tuya el día que publiques un libro”

 

Y me dejó retada y chafada en mis pretensiones.

 

Todavía la ansío y, de vez en cuando, me entran ganas de decirle que no he publicado un libro pero sí su versión virtual. Me entran ganas de decirle que tengo un blog, que se pase, que le invito. Que lea lo que publico. Pero intuyo que no sería buena idea, aunque con ello puede que me ganara por fin la Underwood de mis amores.

 

No he publicado un libro, pero he aprendido que se puede descubrir el mundo a través de un teclado y, lo que es más importante, que ese mundo lo sostienen las underwood girls que viven en todos los teclados. Sólo hay que despertarlas de su letargo.

Una mentira...

...relativa:

 

Dame tus besos

Que al despertar mañana

Te los devuelvo

Digo relativa, poque te daré besos, pero serán otros. Los míos, para más señas.

Espero que te sirvan.

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